Los primeros rastros humanos en nuestra región y pueblos originarios.

La “Piedra de las Caritas”, petroglifos que se pueden observar en las serranías cercanas al Cordón del Nevado, son quizás el antecedente más remoto de la presencia de humanos en el sur mendocino.
Los petroglifos son diseños simbólicos grabados en rocas, realizados desgastando su capa superficial. Muchos fueron hechos por los hombres del período neolítico. Son el más cercano antecedente de los símbolos previos a la escritura, propios de antiguos habitantes de nuestra región.
Estas expresiones, como expresa el Prof. Dr. Juan Schobinger, son el producto de la mente plástica propia delos cazadores recolectores. En esta formación se observan puntos globulados y una serie de motivos geométricos. Seguidamente aparece otro grupo que está formado por círculos concéntricos, una especie de clepsidra con una serie de puntos que se desarrollan en cada uno de los ángulos y una serie de líneas quebradas y onduladas.
Estas formaciones remiten a aspectos de la vida diaria de estos primeros pobladores de la zona, los cuales estaban inmersos en un proceso de conversión de la economía de subsistencia, basada en la caza, hacia actividades relacionadas a la cría de ganado y una agricultura básica de subsistencia. El hombre se concentra en las montañas, pero comienza a explorar los llanos en búsqueda de especies animales para cazar. Estas actividades también se observan en estos símbolos, con mayor presencia de aspectos relacionados a la persecución y caza de animales para subsistencia.
El Dr. Salvador Calafat en el Tomo N° 4 de sus Cuadernos de Historia nos habla de CUYO o “CULLUM”, vocablo de origen huarpe o del mapudungun, Cuyùm puùlli, que quiere decir “tierra arenisca” o “país de los desiertos”.

Otros historiadores ubican a la palabra CUYO como de origen quechua y derivaría de Cuzco. Pero lo cierto es que en nuestra provincia se distinguen tres etnias autóctonas: Huarpes (más al norte de nuestra provincia); Puelches (ubicados en su mayoría en el sur de la provincia); y Comechingones (en sectores del este provincial y provincia de San Luis).

Los Puelches Algarroberos ocuparon las nacientes de ríos y arroyos desde la cordillera sur mendocina, hasta nuestra llanura semidesértica y en sectores de las provincias de Neuquen y Rio Negro. Se dividían en distintos grupos: Los Morcoyanes (ocupaban la región del Payen, que significa “barba en punta de pera”) y que se asentaban en su gran mayoría entre los ríos Grande y Colorado. Los Chiquillanes o Chiquiyanes los cuales se asentaban en las márgenes del Cerro Nevado y se encontraron restos de asentamientos hasta cercanías del río Diamante.

No se puede establecer una influencia directa de los Incas, pero sí a través de los pueblos conquistados por estos, como los huarpes y araucanos, el cultivo de la tierra, la distribución del agua a través de acequias y algunos vocablos nos indican la presencia incaica en la provincia. A principios del siglo XVIII, se comenzará un proceso de araucanización de la región la cual se extenderá por toda llanura central del país y el oeste patagónico.


LOS GOICO
Entre las parcialidades puelches que existían en la región de El Nevado, podemos mencionar dos que tuvieron un papel fundacional de nuestra historia, Los Goico (vocablo puelche Goy: cerca y Co: agua) y Los Roco. Estos dos clanes desde 1780, y de acuerdo a los registros existentes, tuvieron una relación con los blancos que fue más de cooperación que de confrontación sin llegar a asociarse.
Los Goico vivían, originalmente, en la zona de la Cueva del Indio, hoy conocido como El Escorial, luego se trasladaron hacia la zona de la Cuesta de los Terneros, y los registros pictográficos de esta zona así lo demuestran. Marcos Goico, era un cacique renombrado; alto, corpulento, muy valiente, llegó a superar los 100 años. El nombre Goico fue siempre un vínculo de paz y amistad, y en cierta ocasión Marcos Goico se entrevistó con el General San Martín, según consta en una carta escrita por Fray Inalicán.

Vicente Goico, hijo de Marcos Goico y quien en 1822 se transforma en Cacique de San Rafael, fue ahijado del Cmte. José Félix Aldao y apoyándolo, en el combate de Las Aucas, encontró la muerte junto a los hombres de su tribu, en lucha contra las tropas pincheirinas. Le sucedió su hermano Juan Goico en 1831, y siguió junto al comandante Aldao en la Campaña del Desierto en 1833.
Sus hijos, nietos y sobrinos continuaron viviendo en la zona y fueron los últimos propietarios aborígenes de las Salinas del Diamante, que la vendieron al Cura Marcos. Doña Lastenia Goico (1870) Cacica Puelche propietaria de tierras en La Salinas. Juan Goico (1883) Propietario de Las Salinas de San Rafael. Antonia Goico (1885) Hermana de Juan y también dueña de Las Salinas del Diamante. José Goico (1908) Capitanejo Puelche, y último descendiente Goico muere luego de una pelea con arma blanca con el puestero Lorenzo Moya en Ranquil-Có (Malargüe). En el lugar conocido como La Pintada, en la zona de la Cuesta de los Terneros, se encuentra una antigua casona, que fue ocupada, posiblemente desde el siglo XVIII, por la familia de los Goico.

LOS ROCO
La familia Roco, de origen pehuenche, era originaria de la zona del Campanario, donde habitaban en las tolderías del Cacique Güentenao, tras algunos enfrentamientos con el Cmte. Amigorena son derrotados y trasladados a Papagayos, pero al cabo de un tiempo regresan a la zona de El Sosneado.

El Parlamento del Diamante, que se realizó, el 1 de abril de 1805, con el Cmte. Teles Menezes, fue en terreno de los Goico, y también de los Roco, ambas familias participaron del parlamento; entre los nombres de los caciques y capitanejos presentes figuran Marcos Goico, su hijo Vicente y también José Goico, de la misma familia, quienes manifestaron en voz alta que deseaban terminar con las enemistades entre las tribus; también estaba presente la cacica María Josefa Roco, de destacada actuación en la fundación del fuerte, junto a su hermano Panichine y los Caciques Carrilef y Caripán, también pehuenches.

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