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El otro Molero, cuando la política exige dar la cara

Hay un Alejandro Molero que todos conocen. El que comparte un mate, visita a los vecinos, se detiene a conversar y construye cercanía desde los gestos cotidianos. Pero este martes por la mañana, en el salón San Martín del Concejo Deliberante de General Alvear, apareció otra faceta del intendente. Una que también define el ejercicio de la política: la capacidad de plantarse ante una situación difícil, escuchar y buscar una salida.

Los productores reclamaban respuestas por la lucha antigranizo. El clima era tenso y las diferencias estaban sobre la mesa. Después de presentar un petitorio, Molero se enteró de que los productores reunidos en el recinto lo estaban llamando. Decidió bajar, escucharlos y explicar con claridad la posición del municipio. No eligió el silencio ni la confrontación. Dio la cara, expuso las dificultades y dejó en claro que su gestión seguirá defendiendo la producción.

Lo que ocurrió en esa reunión excede la discusión puntual por la lucha antigranizo. Muestra una dimensión de la política que muchas veces queda relegada detrás de las fotos, los anuncios y los discursos: la de un dirigente que acepta exponerse cuando las respuestas no son sencillas y que entiende que gobernar también significa hacerse cargo de los problemas, incluso cuando su solución no depende exclusivamente de él.

Molero no tenía una solución inmediata para ofrecer. Tenía algo distinto: argumentos, una posición definida y la voluntad de seguir buscando alternativas. Y en un escenario donde el reclamo podía profundizar el enfrentamiento, el diálogo permitió abrir otro camino.

La cercanía con la gente es una cualidad que se construye día a día. Pero hay momentos en los que esa cercanía debe transformarse en responsabilidad política. Cuando los ánimos se caldean, cuando las explicaciones no alcanzan a satisfacer todas las demandas y cuando alguien tiene que ponerse al frente, es donde se pone a prueba la manera de ejercer el poder.

Eso fue lo que mostró el intendente en General Alvear. No el dirigente de los encuentros informales, sino el que enfrenta una discusión incómoda, escucha a quienes le reclaman y sostiene sus convicciones sin cerrar la puerta a una salida.

Porque la política no consiste solamente en estar cerca cuando todo marcha bien. También exige estar presente cuando las cosas se complican, dar explicaciones y asumir el compromiso de seguir buscando soluciones.

A veces, gobernar es inaugurar una obra. Otras veces, es algo menos visible, pero igualmente importante: bajar, mirar a los ojos y dar la cara.

 

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