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«Estoy feliz, tengo gas»: la historia de una familia de General Alvear tras la habilitación de nuevas conexiones de gas

La emoción de Olga Reyes quedó resumida en una frase apenas el servicio comenzó a funcionar en su casa: «Estoy feliz, tengo gas». Después de años dependiendo de tubos y de un elevado consumo eléctrico para calefaccionarse durante el invierno, ella y su esposo, Hugo Bonillo, forman parte de las familias de General Alvear que ya accedieron al gas natural tras la habilitación de nuevas conexiones.

La pareja decidió iniciar el proceso con anticipación. Con la asistencia de un gasista matriculado realizaron la instalación interna de la vivienda, confeccionaron los planos y completaron la documentación necesaria para presentar ante Ecogas. Cuando las conexiones quedaron habilitadas, el trámite avanzó con las inspecciones técnicas correspondientes y, en poco más de un mes, el servicio quedó operativo.

«Es importante hacerlo con un gasista matriculado porque es quien lleva adelante gran parte del trámite. Una vez que estuvo todo habilitado, el proceso fue relativamente rápido. Tener gas cambia totalmente la calidad de vida y los costos son mucho menores», explicó Hugo.

Para ambos, el acceso al servicio representa mucho más que una mejora en la infraestructura del hogar. Significa dejar atrás una rutina marcada por el frío y por los altos costos que implicaba calefaccionar la vivienda.

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«Venimos de vivir en una finca, donde el invierno se siente mucho más. Cuando uno es joven lo lleva de otra manera, pero con los años necesita un poco más de confort, y el gas pasa a ser algo fundamental», contó Olga.

Hasta ese momento, la familia utilizaba tubos de gas para cocinar, calentar agua y alimentar un pequeño calefactor. Cada recarga tenía un costo cercano a los 130 mil pesos y alcanzaba apenas para once días, administrando el consumo con cuidado. A eso se sumaba el uso de aire acondicionado durante varias horas diarias para afrontar las bajas temperaturas.

«Pagábamos mucho en tubos y también en electricidad. Comparando cómo vivíamos antes con la tranquilidad que tenemos ahora, no tiene comparación», afirmó.

El día en que el servicio quedó habilitado permanece intacto en el recuerdo de la pareja.

«Nos abrazamos y empecé a mandarles mensajes a mis hermanas diciéndoles: ‘Estoy feliz, tengo gas’. Lo esperábamos, pero cuando llegó fue una alegría enorme y una tranquilidad para nosotros», recordó Olga.

A partir de su experiencia, la vecina anima a quienes todavía no iniciaron el trámite a informarse y avanzar con la conexión.

«Les digo a mis sobrinas y a otros vecinos que averigüen y empiecen. A veces se piensa que es algo muy complicado o demasiado costoso, pero vale la pena. Tener gas realmente cambia la vida», concluyó.

 

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