La historia del «Galleta», el último lustrabotas de Alvear

Sentado en la puerta del reconocido comedor «Don Ramón» o en algunas calles céntricas resiste el «Galleta», el último lustrabotas de General Alvear.

En su bicicleta amarilla y con su carrito donde lleva los elementos para lustrar zapatos el personaje lleva adelante esta actividad casi en extinción en el país.

Hugo, el «Galleta» Arrieta tiene 61 años y desde hace 50 años que tiene esta actividad. Nació el 22 de diciembre de 1958 y siempre vivió en el barrio San Carlos, el barrio más popular de Alvear.

En ese lugar nació su apodo y también su trabajo. Según contó a SITIO ANDINO un comerciante de esos años lo apodó el galleta, como lo conoce todo en Alvear.

el ultimo lustrabotas de alvear

Quienes peinan canas seguro recuerdan el almacén que «Don Bertón» tenía en la esquina de las calles Mendoza y Buenos Aires, en pleno corazón del barrio; media cuadra hacia el norte sobre calle Buenos Aires está la casa de Arrieta. «Tanto ir a comprar galletitas a ese negocio, donde Bertón me puso galleta, y así me quedó…», recuerda con nostalgia.

Por esos años funcionaba también sobre calle Mendoza la famosa pista San Carlos, dónde los bailes populares reunían a multitudes. «Allí empecé a lustrar zapatos desde los 10 años, en la pista San Carlos. La gente iba a bailar, yo lustraba y mi padre trabajaba de mozo, me fui con el cajoncito y ahí empecé… ahora soy el único que queda en Alvear», dice con orgullo.

Con respecto al trabajo cuenta «que a veces se mueve a veces no, como todo. Arranco temprano, vengo a Don Ramón (comedor ubicado en el kilómetro cero de Alvear) y sigo con algunos clientes fijos, recorro el centro y luego termino. Si me voy no quedará nadie lustrando», asegura sabiendo que años anteriores compitió contra un numeroso grupo de colegas.

Arrieta nunca formó una familia y su aspecto cansino y delgada figura resaltan a diario en la ciudad, «ahora vivo con mi hermano pero siempre fui solo y seré soltero hasta la muerte», acotó antes de agarrar su bicicleta amarilla y el cajón con los elementos de trabajo y partir para su vivienda.

Por: Andrés Aliaga – @aaliagapress

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